Por Jorge Luis Galeano
Pese a tener un buen cuerpo y no necesitar retoques, *Tatiana cayó ante la tentación y pudo más la vanidad que la razón. Permitió que una amiga suya le inyectara una sustancia desconocida en sus glúteos. “Los resultados fueron inmediatos. Me dio confianza porque mi amiga también se la aplicó”.
La esteticista le introdujo biopolímeros, una especie de silicona líquida que está prohibida por la FDA y que causa deformidades, infecciones, ulceraciones, manchas e incluso tromboembolismo y la muerte.
Sin embargo, en 2006, cuando le aplicaron la sustancia, *Tatiana no era consciente de las consecuencias y accedió. 4 años después empezaron los problemas “Me empezó a picar, se enrojecieron mis glúteos. Si alguien me manoteaba, sentía como si me quemaran o chuzaran”. Esa sensación la obligó a consultar varios cirujanos plásticos.
“El problema es que esas sustancias son extrañas al cuerpo y éste las rechaza. Ese proceso se manifiesta a través de fiebre, inflamación local, aparición de la piel roja e incluso la formación de masas palpables.” dice el doctor Darío Salazar, miembro de la Sociedad Colombiana de Cirujanos Plásticos. El profesional añade e insiste en que “las 2 únicas sustancias aprobadas para inyectarse en el cuerpo son la grasa del mismo paciente y el verdadero ácido hialurónico autorizado solamente para el rostro”
*Tatiana dice que no quiere denunciar a la esteticista pues es su amiga, pero hoy enfrenta las consecuencias no solamente de cargar dentro de su cuerpo una sustancia tóxica, sino el hecho de no contar con los 8 millones de pesos que cuesta la intervención que necesita. “Más cara la cura que la enfermedad” dice con resignación.
*Nombre cambiado a petición de la fuente





de verdad que todas las chicas deben de ir con médicos especializados para realizarse ese tipo de procedimientos. La estetica debe estar por debajo de la salud. La solución de muchas chicas no implica que queden como estaban antes de estos dudosos procedimientos sino que quedan mucho peor. Como diria el dicho: es peor el remedio (a su vanidad) que la enfermedad.