Luz Eina: reciclaje y poder femenino 

Segunda parte 

Luz Eina 6

Mayo 19 - 2018

Por Christiam Chaparro

1:00 p.m. Luz Eina me pide el favor que me pare de la carreta, debido a que dentro de poco comenzará a subir los 72 cajones de madera que venderá a las afueras de la Galería Santa Helena. En la acera de la casa de su madre la está esperando Marta Ramírez, una mujer canija y enjuta, quien forma parte de Amure y será la ayudante en su nuevo recorrido. De su bolsillo saca un par mangas para cubrir sus brazos del sol. La gorra también forma parte de su atuendo laboral. 

"En Buenaventura viví sobresaltos". Luego añade que ella decidió regresar a Cali al enterarse de que las Bandas Criminales (Bacrim) estaban torturando y violando a los pobladores de esta ciudad, en especial, a las mujeres, con el fin de tener un control sobre el territorio.

"No quería que eso me sucediera a mí. Por eso tomé la decisión de empacar mis cosas e irme". Luz Eina habla con cierta desgana en el rostro. Los recuerdos de aquellos años aún la siguen golpeando tan fuerte, que el único antídoto que toma para combatir estos sucesos, es compartirlos. Es lo que, en cierta medida, suelen hacer varios individuos de este país, al ser atropellados desde cualquier bando, ya que la indolencia urbana se encuentra a la vuelta de cada esquina.

Al regresar a Cali, Luz volvió a deambular por las calles del barrio El Calvario. Ella, en medio de una ciudad agreste en materia ambiental, tomó la decisión de volver a sus raíces: poner sus manos al servicio del reciclaje. Al principio, los recicladores se movilizaban por diferentes calles o botaderos de basura de la ciudad, con el ánimo de realizar su labor de la mejor manera. La oferta laboral en el reciclaje era tan grande, que en ocasiones había que ejecutar varios trayectos para solventar la demanda de trabajo.

Hoy, sin embargo, el panorama ha cambiado. La reducción de las microrutas selectivas, la desvalorización de la compra del material que reciclan y los concesionarios de basura, un puñado de compañías altamente tecnificadas de aseo que desde hace 16 años vienen ganando las licitaciones en las grandes ciudades, han provocado que la labor del reciclador se encuentre en vilo. 

Luz Eina, que acaba de amarrar con la cabuya los 72 cajones de madera, advierte que, pese a las constantes peripecias que se vive en este oficio, siempre ha sacado fuerzas para lidiar contra cualquier problema que se le presente. "Siempre le he tenido amor al reciclaje desde que era una niña", dice, "por eso estoy luchando, porque esta profesión es mi fuente de trabajo y de apoyo a la naturaleza". En el 2016, Luz Eina decidió crear la Asociación de Mujeres Recicladoras Cabezas de Hogar y Recicladores del Centro de Cali (Amure), con el fin de que las recicladoras del barrio El Calvario y San Pascual tuvieran una mayor representación en el mundo del reciclaje.

"No queríamos ser parte de asociaciones que solo eran administradas por los hombres. A nosotras solo nos tenían de adorno, porque las decisiones más importantes siempre las tomaban ellos".

Luego añade que las mujeres también pueden gestar grandes hazañas dentro de la sociedad y que hay que aniquilar el estereotipo de que la figura femenina es sinónimo de ser débil. "Nosotras también podemos luchar y salir para adelante por nuestros medios". 

Luz Eina habla con una expresión bribona en el rostro. En Amure, aclara, hay 70 personas, de las cuales 50 son mujeres y 20 son hombres.

- ¿Por qué hay hombres en una asociación que tiene sus raíces en reivindicar el rol de la mujer recicladora?

- Bueno, esa ecuación es simple. En esta organización se han aceptado hombres por la razón de muchos de ellos respetan y entienden que las mujeres también son sujetos de derechos. Además, nosotras contemplamos la figura del varón como un complemento. 

Mientras se despide de su madre, Luz Eina sabe que sobre su espalda carga con una cruz que le ha dejado sabores agridulces. Es lo normal, añade, pues en Colombia las luchas –en muchos casos– hay que gestarlas desde el silencio y, sobre todo, con la zozobra de que en cualquier momento todo se puede venir abajo.

2:00 p.m. Luz Eina empuña sus manos sobre los brazos de madera de Camila. Perfila la carreta, y con una gran maniobra que realiza con su cuerpo, comienza a dirigirse hacia la calle 13. Las paredes de las casas, que están demacradas por el paso de los años, aspiran un vaho quemante, pagajozo. Marta, por su parte, se encarga de darle señales a Luz para que ella no vaya a tener ningún accidente de tránsito en la vía. 

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En el 2016, Luz Eina decidió crear la Asociación de Mujeres Recicladoras Cabezas de Hogar y Recicladores del centro de Cali

Con frecuencia –me comenta Marta– varias de sus compañeras de trabajo han sentido los pasos de la muerte cerca, debido a que varios conductores suelen tirarles el vehículo a las recicladoras. Por eso, ella galopa con sus cinco sentidos hasta más no poder, con el ánimo de poder contrarrestar cualquier infortunio. 

No solo con esta cuestión se tiene que lidiar, dice Luz Eina, pues en ocasiones sucede que las cajas de madera no quedan bien amarradas y, por lo tanto, se derrumban. "Una vez se me vinieron esas cajas de arriba. La golpiza que recibí en la espalda fue tan fuerte, que duré ocho días en la cama. No pude trabajar, y por eso me tocó aguantar hambre, porque no tenía dinero para comer. Incluso, llegué a pensar que me iba a quedar paralítica. Esa fue la peor semana de mi vida". Luz Eina para por un momento con su carreta. Se cerciora de que Camila y las cajas de madera estén intactas. El sudor incesante brota por cada poro de su piel. Dialoga con Marta, y le pide el favor que compre tres jugos de naranja en un puesto informal que hay sobre el Puente de La Luna.

"Hay que comer sano e ingerir bebidas naturales", aclara. "En este oficio es mucha la energía física que uno se gasta. Es por esta razón que hay que alimentarse bien. Nada de comida chatarra ni de gaseosas", enfatiza Luz, mientras se bebe con un gran entusiasmo su jugo de naranja. 

El recorrido sigue. Luz Eina comienza a dar una perorata sobre la falta de cultura de los caleños a la hora de separar la basura y de la inoperancia de la Administración Municipal para crear políticas públicas que incentiven el reciclaje.

Según datos del Departamento Administrativo de Planeación Municipal, en Cali a diario se generan 1700 toneladas de residuos sólidos, de los cuales solo se aprovecha el 10 % para reciclar. Incluso, en el año 2009 el gobierno de Jorge Iván Ospina firmó un contrato por $1.100 millones de pesos para construcción de una planta de reciclaje, con el objetivo de dar cumplimiento a la Sentencia T-291 de la Corte Constitucional, la cual establecía que se debía buscar una alternativa de trabajo a los 677 recicladores que vieron afectados su sustento por el cierre del basuro de Navararro. La obra nunca se inauguró.

"¡Es que aquí no hay consciencia de nada!", aclara Luz Eina. "De lo que uno encuentra en las bolsas de basuras solo –si mucho– se puede recuperar el 5 %" 

3:00 p.m. A las afueras de la Galería Santa Helena se encuentra Javier, conocido como 'El indio', un hombre rollizo, quien es el comprador de las 72 cajas de madera. Poco a poco Luz Eina comienza a bajar, con la ayuda de dos jóvenes macizos, los cajones que lleva Camila en su vientre. De repente, una brisa arropa a los habitantes de este lugar. En la esquina de al frente, en una minúscula tienda, varios hombres beben y entonan –a todo pulmón– letras de canciones de música popular, luego de una extenuante jornada laboral.

Con el pago que obtuvo compra dos pares de guantes, uno para Marta y otro para ella, los cuales son utilizados como medida de prevención contra cualquier riesgo biológico. Las bolsas de basura se convierten en su principal fuente donde encuentra la materia prima. Escarba. Botellas de vidrio y plástico, papel periódico y de impresora, latas y tarritos de compota, poco a poco, van acomodándose en el vientre de Camila.

"Lo que más se busca es cartón y envases de plástico, debido a que son los productos más cotizados en el mercado. Por ejemplo, el kilo de cartón cuesta $250 pesos y el kilo de envases de plástico vale $700 pesos", argumenta. La intención de Luz Eina y la de las personas que integran Amure es la de mantenerse a flote, aunque a veces el agua les llegue hasta el cuello. Así pues, todas suman esfuerzos, desde cualquier frente, para paliar contra el más reciente monstruo que las acecha. 

El Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, a través del decreto 596 del 11 de abril del 2016, formalizó el oficio de aquellas personas que hacen parte del reciclaje y los vinculó al sistema público de aseo. "Hoy ustedes tienen la posibilidad de recibir no solo una remuneración por los materiales que van a ser reciclados, sino por toda la actividad de recolección, transporte y clasificación dentro del servicio público de aseo", afirmó Elsa Noguera, quien fue ministra de esta cartera desde el 2016 hasta el 2017, ante los representantes del gremio de recicladores.

No obstante, Luz Eina replica que no todo que promulga esta norma es color de rosa. "Esa vaina a lo que huele es a privatización", lo dice con una voz abrupta. "El modelo a seguir de la Ley 596 solo beneficia a aquellas personas que tienen el poder económico para poder cumplir con los requisitos que exige el Gobierno Nacional. Entonces, el reciclador de base, al no responder con lo que pide el Estado, queda sobrando. Por eso vemos que dentro de poco vamos a salir de circulación". En este punto, la mirada de Luz Eina queda perdida en el limbo. Se lleva las manos a la cara, como tratando de borrar la expresión de desconsuelo que hay en su rostro. Un silencio apabullante desnuda la desazón que produce estar en medio de los ademanes teatrales de la vida.

Y es que la realidad no solo abofetea a las recicladoras por ese lado, pues desde los últimos nueve años se viene hablando de Ciudad Paraíso, un proyecto de la Administración Municipal que busca la intervención de 30 manzanas de los barrios Sucre, San Pascual y El Calvario, en los que se construirán la nueva sede de la Fiscalía General de la Nación en Cali, la estación central del MIO, un centro comercial y más de 4700 viviendas, además de 33500 metros de nueva infraestructura vial y 39000 metros cuadrados de zonas verdes y espacio público renovado.

"Nos quieren dejar en la calle", dice Luz Eina. "Es un proyecto demasiado excluyente y, lo peor de todo, es que de ejecutarse vamos a quedar sin pasado, porque los recuerdos de nuestra niñez y adolescencia quedarían sepultados". 

6:00 p.m. Algunos rayos del sol se difuminan con la llegada de las estrellas. Luz Eina, junto a Marta, todavía siguen escarbando entre las bolsas de basura. En algunas ocasiones, las humillaciones que reciben son constantes, pues algunos ciudadanos sienten un desdén por las personas que se dedican al reciclaje. Es lo que acaba de observar el periodista, cuando en medio de un lapsus, Luz dejó una bolsa de basura en el corredor de una casa equivocada. De repente, un anciano comenzó a decirle varios improperios en la calle. Luz, por su parte, le responde que la perdone, y añade que esa no es la manera de tratar a las personas.

"Por lo general, lo más respetuosos terminan siendo los jóvenes, porque ya vienen con el chip sobre el cuidado de la naturaleza".

Con el pasar de los años, la vida le ha enseñado que, aunque la deshumanización de las personas es el pan de cada día, la decencia y el respeto por el otro son dos pilares que nunca se pueden perder. Eso, a su vez, lo ha llegado a comprender debido a las penurias que ha pasado en su vida y, al mismo tiempo, por las innumerables historias de desarraigo con las que se encuentra a diario. 

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En la actualidad Amure es conformada por 50 mujeres y 20 hombres

8:00 p.m. La jornada laboral finaliza. Camila espera de manera paciente a que Luz Eina baje todo el material que hay en su vientre para acomodarlo en una minúscula bodega por la que Amure paga de arriendo $300 mil pesos –es la más barata del sector–. Todo luce estrecho, pero en la que cabe todo al fin de cuentas.

Ella, extenuada, explica que esta es la rutina que realiza todos los martes, jueves y sábados, días que están destinados a reciclar; mientras que los lunes, miércoles y viernes los reserva para clasificar todo el material que hay en la bodega.

El amor de ser madre

"Yo siempre he sido muy de buenas para los hombres", lo cuenta Luz Eina con un gran desparpajo. Luego narra que, pese a los recurrentes pretendientes que le aparecen, siempre ha tenido la concepción de ser un espíritu libre.

El único amor que ocupa en su corazón es el de sus tres hijos: Jhon Kevín (20 años), Karol Lorena (17 años) y Gilmar Jair (8 años), a quienes cada noche la reciben con un estruendoso beso en la mejilla. "Yo nunca tuve un amor de madre y de padre. Ellos no me criaron. Por eso, siempre busco que mis hijos sí tengan, al menos, el cariño que a mí siempre me negaron". 

El 8 de marzo del 2018, en el marco del Día de la Mujer, el Concejo de Cali le otorgó un reconocimiento como "Mujer lideresa", por sus incontables obras sociales en el barrio Ciudad Paraíso. "Con esto lo que las entidades del Estado nos quieren decir, es que los habitantes de El Calvario para ellos ya no existimos", reseña.

Aun así, Luz Eina no se rinde. Se instruye. Propone. Busca alianzas con organizaciones no gubernamentales que puedan capacitar a sus pupilas. Y cada paso que da lo hace con la plena convicción de que servirá para seguir tejiendo su mayor sueño: tener una asociación grande en la que las recicladoras puedan, con los equipos que están a la vanguardia del aseo, prestar un servicio óptimo que ayude a combatir el cambio climático.

Quizá lo logre. A ella no le importa que su sueldo llegue a tan solo $15 mil pesos cada día de por medio ni que dentro de pocos meses tendrá que entregar la bodega donde Amure tiene el material, porque la van a demoler para realizar el proyecto Ciudad Paraíso. 

Por ahora, Luz Eina suma todos sus esfuerzos para que la profesión del reciclaje sea tan valorada como quien juega fútbol o aparece en televisión y, sobre todo, para que las mujeres recicladoras del centro de Cali tengan una vida más amena. 

Nota: Algunos nombres fueron modificados por cuestiones de seguridad. 

Lea la primera parte:

Luz Eina 
Luz Eina: reciclaje y poder femenino

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